Luna llena de Sagitario

Todo mantiene el vínculo con su origen

El pensamiento dirigido desde la intención y la conciencia, crea informaciones de alta energía que pueden transformar la realidad física

En el entrelazamiento cuántico entre partículas se observa este mismo principio, el nexo que permite la transferencia de información entre dos partículas subyace en el vínculo de su origen común.
Los fotones empleados en los experimentos de Viena y Canarias por Anton Zeilinger, precisaban compartir el mismo origen para establecer una conexión permanente a través del tiempo y del espacio, ambos fotones eran hermanos gemelos surgidos de un mismo proceso físico y esto creaba un vínculo indestructible entre ambos denominado por los físicos, entrelazamiento cuántico.
En el experimento de Canarias, Zeilinger y su equipo separaron dos fotones entrelazados a una distancia de 147 Km, entre las islas de La Palma y Tenerife.

Sin conexión física entre ambas partículas, se observó que al inducir una información en el fotón A, su hermano gemelo B, en otro lugar del mundo, y justo en el mismo instante, cambiaba su información manteniendo su vínculo intacto, y esto sucedía sin que ninguna fuerza conocida viajase empleando un tiempo para recorrer el espacio existente entre ambos puntos, como ocurre con las ondas electromagnéticas.
Lo que sucedía a uno le sucedía al otro instantáneamente, sencillamente, uno formaba parte del otro.

Parece magia, ¿verdad? Es natural, el entrelazamiento cuántico es una propiedad anti-intuitiva de la física, parece algo imposible y resulta difícil de concebir, pero se trata de una propiedad física del universo, la física experimental ya lo ha probado, y busca el modo de obtener aplicaciones prácticas de este fenómeno dentro del campo de las telecomunicaciones.

Los experimentos de Zeilinger muestran una capacidad de la naturaleza que existe desde el origen del universo, y que es intrínseca a todas sus partes. El vínculo, permite la transferencia de la información en el confluir del instante, donde el tiempo y el espacio se vuelven uno.

Todo en el universo se encuentra conectado en un nivel, que si no llegamos a comprender, al menos podemos reconocer en nosotros mismos. Nuestra conciencia puede situarse en un instante en cualquier dimensión conquistada por nuestro conocimiento sobre el universo, desde el vacío existente entre las partículas que forman los átomos, hasta la galaxia más lejana. Si sabemos que existe, podemos conectar con ello solo con pensarlo.
El conocimiento que poseemos sobre la magnitud y naturaleza del universo, se convierte en nuestro vínculo con el todo.

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